Imaginate esto: William Thacker (Hugh Grant) tiene una tienda de libros a la cual entra Anna Scott (Julia Roberts), una actriz con estatus de celebridad. Desde ahí, los dos irán conociéndose y tratando de darle sentido a un amor imposible.

Notting Hill se estrenó en 1999, y fue dirigida por el difunto Roger Michell. Con un presupuesto de 42 millones de dólares, logró recaudar 363, convirtiéndose en la película británica más taquillera del mundo en ese tiempo. Julia Roberts era la estrella del momento con películas como Mujer bonita o La boda de mi mejor amigo, mientras que Hugh Grant también había colaborado con Richard Curtis, el guionista de esta película, en Cuatro bodas y un funeral.

La cinta comienza con una canción hermosa que, junto al montaje de Anna siendo famosa, me hizo sentir algo. Te la muestran como un ser inalcanzable. Alguien que está muy lejos de la tierra como para cruzarse con una persona común y corriente. Pero sabemos que eso es lo que pasará.

Luego de ese increíble montaje nos presentan a William caminando por las calles de Notting Hill, un lugar tranquilo en donde él vive su vida tranquila. Nos muestran que, mientras Anna tiene tantos pretendientes que no los podría conocer a todos en una vida entera, a William lo dejó su esposa por un hombre que se parecía a Harrison Ford. Él tiene la vida tranquila pero no el amor, mientras que ella tiene todo lo que una persona podría desear pero parece infeliz y lejana.

Es tan icónica la escena donde ella entra a la tienda de incógnito porque, luego de haberla visto como la estrella de cine que es, llegar a verla como una persona que compra libros de viaje y charla con nuestro protagonista es chocante pero de buena manera. Es sorprendente y es hermoso.

Empiezan a pasar tiempo juntos y comienzan a conocerse. Anna invita a Will a un hotel, pero lo confunden con un periodista y lo llevan a la rueda de prensa de la nueva película de Anna, donde tiene que entrevistarla. Luego, ella lo vuelve a invitar a su cuarto de hotel, pero esta vez está su novio. Sí, porque tiene un novio que ella nunca había mencionado. Entonces, Will tiene que fingir ser un trabajador del hotel para pasar inadvertido frente al novio, una situación súper humillante. Después, Anna va a la casa de Will como última opción para que los paparazis no la encuentren. Pero cuando el compañero de cuarto de Will deja salir el secreto y los paparazis aparecen en la puerta de su casa, Anna lo culpa por la situación y dice que lamenta el tiempo que pasaron juntos. Y después de esto, cuando Will la va a visitar al rodaje de una película, la escucha decir que él es solo un chico del pasado y que no sabe qué hace ahí. A pesar de todo esto, Will la elige. Incluso después de todos los errores que ha cometido y el poco interés que demuestra en recuperarlo (ya que todo el interés parece venir de él). Se siente como si toda su personalidad fuese la fama y que es famosa, ¿pero cuál es su personalidad además de estar triste por los tabloides? ¿Qué es lo que Will ve en ella además de una superestrella?

Notting Hill es una increíble historia de amor. Desde el icónico meet-cute hasta la inolvidable toma final, la principal fortaleza de la película es cómo nos hace hinchar por dos personas que, aunque a veces no lo parezca, están hechas la una para la otra. Porque incluso con todo lo que Anna le dijo (y no le dijo) a Will, me importan demasiado estas dos personas que se conocieron de manera inusual y necesito con todo mi corazón que tengan su final feliz. No puede haber secuela (incluso con lo que las amo), pues este filme se siente como un cuento de hadas que no se supone que deberíamos haber visto. Un cuento de hadas moderno con personajes secundarios excéntricos que hacen que no se sienta tan empalagoso, cosa que ni siquiera me molestaría. En esta cinta, los personajes son sinceros y muy genuinos, y no se necesita un chiste en medio de un monólogo dramático para que, justamente, no se sienta empalagoso. Esto lo podemos ver reflejado en el icónico monólogo de Julia Roberts: “Soy solo una chica, de pie frente a un chico, pidiéndole que la ame”. Este momento lo cambió todo. Decir que es hermoso, icónico, significativo y honesto sería quedarme corta. Este monólogo de Julia Roberts interpretando a Anna Scott, una actriz que sufre por la vida que lleva y desea tener una vida normal junto a un hombre que vive en Notting Hill, lo cambió todo. Por su sinceridad y cómo todo se da perfectamente. Anna le expresa sus sentimientos a Will, pero él, luego de todo lo que le ha hecho pasar, le dice que no puede hacerlo. Los dos personajes están en los lugares que necesitan estar para poder empezar a construir algo, aunque Will, naturalmente, no esté dispuesto.

Luego él va a sus amigos y les cuenta la situación. Ellos lo apoyan y tiran a Anna abajo hasta que él les cuenta lo que Anna le dijo: “Soy solo una chica, de pie frente a un chico, pidiéndole que la ame”. Ahí sus amigos se quedan callados, estupefactos. Tomó la decisión incorrecta. Es entonces cuando decide recuperarla y se da una de las mejores escenas del cine romántico. Las cámaras apuntando a ellos dos en la conferencia de prensa mientras se miran el uno al otro, tan enamorados como un ser humano podría estarlo.

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