Imaginate esto: Lucy (Sandra Bullock) es una abogada que conoce a un millonario dueño de una empresa de construcción y se convierte en su asesora legal. Mientras que Lucy defiende sus ideales, al millonario George (Hugh Grant) no le podrían importar menos los asuntos como la preservación histórica, los cuales Lucy defiende. Quizá los polos opuestos lograrán congeniar.

George (Hugh Grant) y Lucy (Sandra Bullock)

Amor a segunda vista fue lanzada en el 2002 y la dirigió Marc Lawrence, quien también trabajó en películas como Miss Simpatía y otras con Hugh Grant. Tuvo un presupuesto de 60 millones de doláres y recaudó 199 en la taquilla.

Nuestros protagonistas se conocen mientras ella intenta que la compañía de George se detenga con la destrucción del centro comunitario de Coney Island. Él accede y la contrata, dándonos una idea de que el hombre se encuentra en una muy buena posición. Luego de esto hay unos saltos temporales un poco extraños, en los que si sumamos, pasan un año y dos semanas. Tienen una razón de ser, y es para mostrar como George no solo necesita que Lucy haga su trabajo sino que también la necesita para todo. La llama a altas horas de la madrugada e incluso la saca de una boda con una llamada de emergencia, pero al final la emergencia era qué ropa ponerse. La película nos muestra que aunque George es un millonario insoportable que no hace nada por sí mismo, y Lucy lo tiene que cuidar como niñera, también es una mezcla entre arrogante e inocente, y nunca sabés cuál parte de él está hablando.

George (Hugh Grant) y Lucy (Sandra Bullock)

No me esperaba que sea tan graciosa. Me hizo reír mucho. Los dos actores principales son actores de comedias románticas, siendo Hugh Grant el protagonista definitivo. Él hace que un millonario muy pesado sea súper encantador y que hinchemos por su relación. Definitivamente hay momentos en los que no me cayó bien, más que nada tirando al final, donde empiezan a pasar cosas. Pero como en cualquier buena comedia romántica, tenemos el beso resolutorio que se siente como una recompensa.

Una escena súper crucial para esta película es la de la gala. Para ponerte en contexto, Lucy decidió dejar la compañía pero igual decide acompañar a George a una gala de beneficencia. George la ve con un prominente vestido blanco y negro y vemos claramente como no puede seguir negando sus sentimientos. Pero hay un problema: ella, con mucho dolor, lo está dejando atrás, mientras él recién se está dando cuenta de lo que pierde.

Balancea perfectamente el humor y el romance. Vemos cómo el humor se usa más al principio, casi como una forma de que los personajes se vayan conociendo. Luego, cuando ya los llegamos a conocer mediante las situaciones graciosas, y ya nos apegamos a ellos y su historia, es cuando juegan con el elemento sentimental.

Es difícil no hablar del personaje de June (Alicia Witt), a quien usan como bache entre la relación de George y Lucy, pues no tiene otra razón de ser. Desde el principio, cuando quiere ir a trabajar para la compañía de George, ya vemos cómo es que van a funcionar las cosas. Ahí, al comienzo, sus acciones pueden ser interpretadas de diversas formas, pero no necesariamente nos tiene por qué caer mal, aunque probablemente lo haga. Ya sabía cuál iba a ser su propósito en la historia, por lo cual también me di cuenta que sería muy “predecible” que me caiga mal solo porque los creadores la habían hecho la “antagonista”, cuando en realidad no había hecho nada significativamente “malo”. Aunque ya tirando al final se vuelve muy insoportable. Empieza a caer mal y se convierte en una antagonista hecha y derecha. Porque, claro, tenía que haber un problema además de sus diferencias ideológicas y la destrucción del centro comunitario de Coney Island. Un problema de carne y hueso, que se siente más real y amenazante.

Lo que pensé desde que vi esta película, y lo que también la hace tan difícil de reseñar, es que no tiene ningún problema. Entonces, el lugar donde sabía que iba a encontrar un problema sí o sí era un sitio de críticas. Al leer las críticas, lo único malo que encontré fue que era muy “predecible”. ¿Pero no es ese el punto de este género? ¿Repetir una fórmula que nos hace sentir bien y no falla? Esto confirmó mis sospechas: Amor a segunda vista es una comedia romántica perfecta. Es lo que uno se espera cuando quiere ver una comedia romántica: dos polos opuestos que no pueden estar juntos hasta que deciden dejar sus diferencias de lado, porque mientras creían que se odiaban el uno al otro tan solo estaban aprendiendo a estar juntos. Las comedias románticas de esta época son especialmente reconfortantes, y gran parte de esto, creo yo, se debe a los increíbles actores que estaban en el pico de sus carreras.

Como ya dije, la predictibilidad es un elemento clave en las comedias románticas, parte de lo que las hace tan reconfortantes. No puede faltar la fórmula que tanto amamos porque sencillamente funciona. Pero no todas las películas hacen esto. Pues, como explico en mi reseña de Little Black Book, esa película es un ejemplo de lo mal que puede salir una romcom cuando, en vez de ser reconfortante, es más como un thriller psicológico.

Al final, Amor a segunda vista es un ejemplo de lo bien que puede resultar una comedia romántica cuando se apega a la fórmula.

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